Rock in Río Madrid 2012

El festival quedó marcado por la ausencia, en último momento, de Rihanna.

El festival empezó un 30 de junio con el descontextualizado “El pescao” sobre un Escenario Mundo, que bien recuerda al Guggenheim, en una Ciudad del Rock espectacular, con una organización fantástica y un espacio tan amplio que requería que los productores del mismo se desplazaran en boggie por el recinto.

Tras éste, un poco fuera de tono, llegaron voces más acordes y afinadas y con más reputación en el mundo de la música, como La oreja de Van Gogh. Macaco hizo bailar a niños y a pequeños en un día en el que la diversidad fue la tónica reinante del lugar.

Mientras, las redes sociales se llenaban de adeptos fanáticos que contaban los segundos para ver a sus ídolos y detractores críticos con el nombre de la marca “Rock in Río” que repetían hasta la saciedad que ni era rock ni era Río, como si el Corte Inglés se hubiera fundado en el Reino Unido o el Banco Santander sólo pudiera operar en la capital cántabra. Entre todos ellos las foto de una roca en medio de un río, como señal de queja por un cártel que, siendo sinceros, dejaba mucho que desear frente a la edición de Lisboa.

Sea como sea Lenny Kravitz, tan desubicado y anclado en el pasado como siempre, subió a las tablas dispuesto a llevar las notas más rockeras de la noche para callar, al menos momentáneamente, algunas bocas.

Tras él vino Maná, con sus grandes éxitos de hoy, de ayer y de siempre, dispuestos a entregarse a un público que, sorprendentemente, se entregó de lleno a los mexicanos. Una auténtica compenetración que  dejó claro que, a pesar de las arrugas de su cara, a su música no le hace estragos el tiempo. Subieron a una fan al escenario, Patricia, que dejó boquiabiertos y muertos de envidia a más de uno, por su naturalidad y, más o menos, bien entonada voz.

Los fuegos artificiales despidieron a la banda y dejaron libre Arganda preparándose para lo que vendría apenas cinco días después.

Para lo que no estaba preparada la organización era para asumir que su cabeza de cartel, Rihanna, programada para el jueves día 5, decidiera cancelar su actuación por la muerte de su abuela unos días antes. Dejando de lado el debate sobre la ética o responsabilidad de la cantante con un caché demasiado elevado para su compromiso, lo cierto es que tenían un problema, y grave.

Decidieron aceptar la devolución de todo aquel que quisiera recuperar su dinero porque no iba su ídolo y consiguieron, en sustitución, a un pseudodesconocido Carl Cox que provocó más críticas que alabanzas. Tuvo lugar así el día con menos afluencia del festival, el día en el que apenas 25.000 personas se acercaron a lo que sería la antesala del “día electrónico” que vendría después, con Swedish House Mafia pinchando su última sesión de música electrónica y Amaia Montero, más artificial que nunca, rompiendo un poco la rutina del día interpretando grandes clásicos de su etapa con la Oreja de Van Gogh y algunos de su carrera en solitario.

Y llego la noche que la media de edad más baja de todos los días estaba esperando con ansia. La noche de la electrónica. A reseñar que en el recinto, aparte del Escenario Mundo, había una zona de Street Dance (donde se hacían competiciones del baile más urbano) y otra de electrónica, donde pincharon famosos djs como Cristian Varela y Ramsés López durante todos los días. El viernes pues se creo una especie de guerra de ondas entre escenarios ganando, como no podía ser de otra manera, el escenario más grande de todos. Flojito David Guetta, animado Martin Solveig, vergonzoso Pitbull, (que se limitaba a mover el paquete y a interpretar trozos de canciones de otros, terminando con un “¡Ánimo España, hay que salir p´alanate y p´arriba!) y cuando parecía que ya nadie aguantaba más terminó el espectáculo Afrojack, haciendo quemar las últimas gotas de alcohol (y otras sustancias) entre los asistentes.

La pasarela de artistas llegaba a su fin con el día más esperado. El más rockero de todos, para tranquilidad de quienes, tras cuatro días de críticas, aún no se habían cansado de repetir que en Rock in Río no había rock. Pues si, lo hubo, y durante todo el sábado. Abierto por unos divertidísimos Gogol Bordello que, con corbata verde anudada en la cabeza y vino a raudales por el escenario, hicieron saltar y disfrutar a los más tempraneros de los asistentes. Tras ellos la banda Incubus llenó el césped artificial de Arganda del Rey dejando apenas unas calvas vistas sólo apreciables desde lo alto (ese día asistieron más de 55.000 personas) y que vibraron como nunca cuando Brandon Boyd entonó su Drive.

Y por fin el grupo que más camisetas había conseguido congregar en la Ciudad del Rock. Los red Hot Chilli Peppers, que con sus 50 años de edad y casi 30 de carrera, poseen más vitalidad que nunca. El bajo de la banda, Michael Balzary , había sido visto paseando en bicicleta por el recinto un rato antes de que comenzara el espectáculo. No defraudaron, pasaron por todos sus éxitos consiguiendo ser coreados por todos los espectadores que sudaban de emoción a pesar del frío que hacía para ser el mes de julio. Sólo fallaron en una cosa recordada hasta horas después por sus fans en el mundo de Internet: se habían saltado Otherside.

Ver a Pitbull y Afrojack Rock In Rio Madrid 2012

[youtube]http://youtu.be/bkOcRENONlY[/youtube]

De nuevo fuegos artificiales encargados de despedir a los californianos  y cerrando el festival. Bueno, aún quedaba una sopresa ¡¡Otro DJ!! Deadmau5, con sus ritmos más sintéticos, dejaron boquiabierto a los amantes de la música electrónica más pura, a todos aquellos que se habían quejado de que, el día anterior, los djs sólo habían repetido hasta la saciedad (y tienen razón) los mismos temas (Somebody that I used to know se llevó la palma). Ahora no, ahora Deadmau5 traía ritmos propios escondidos en su cabeza de ratón que brillaba y cambiaba de imagen cada rato hasta que, el agobio supongo, pudo más que la estética y tuvo que ponerla en el suelo.

Los que aún quisieran y tuvieran fuerzas pudieron disfrutar de una última sesión en la zona electrónica mientras se evacuaba el lugar que había sido testigo del mayor festival del mundo, con proyección tan internacional que no sabemos si Madrid se le habrá quedado pequeño y con un balance bastante aceptable sobretodo si se tienen en cuenta muchas de las variables.

Pero ésto no ha hecho más que empezar. Aquí tienes una pequeña guía de todos los festivales que puedes recorrer este verano para seguir disfrutando de la magia de la música.

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